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Gestion de un sistema de informacion sobre los mercados

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Si el sistema de informaci�n se empieza sin una base previa, es aconsejable limitar su alcance a unos pocos productos importantes y a determinados canales de comercializaci�n, y tratar de reunir diariamente informaci�n que se pueda distribuir el mismo d�a o al d�a siguiente a m�s tardar. El objetivo debe ser prestar un servicio regular y fiable cuya utilidad reconozcan los usuarios. Una vez est� funcionando eficientemente el servicio, podr� abordarse su ampliaci�n a nuevos productos y mercados.

En los mercados participantes podr�n exponerse informes diarios, de los que se distribuir�n copias a los comerciantes y otras partes interesadas.

Los informes contendr�n los datos siguientes:

Precios: los precios m�s altos, los m�s bajos y los m�s corrientes de cada producto, con menci�n de las variedades y clases comercializadas en cada mercado. El precio m�s frecuente (o modal) es importante como �ndice de las tendencias del mercado.

Oferta: el volumen disponible para la venta en cada clase del producto; si no es posible aportar datos exactos, puede utilizarse un sistema normalizado de clasificaci�n, por ejemplo una escala de 1 a 5 en la que 3 corresponda a la oferta media y 5 a un exceso considerable de oferta.

Movimientos: salidas y entradas de partidas (incluidas las importaciones) en los mercados importantes, especialmente de las ciudades, por volumen o por n�mero de partidas.

Resumen: observaciones generales sobre cualquier variaci�n de las pautas del comercio o sobre factores que, como las condiciones clim�ticas o la situaci�n del tr�fico, pueden afectar al comercio a corto plazo.

La reuni�n de informaci�n debe encomendarse a una persona que conozca bien el comercio de frutas y hortalizas. Es importante asegurar la coherencia de las evaluaciones subjetivas, lo que resulta dif�cil cuando �stas proceden de distintos observadores.

 


Capacitaci�n y apoyo t�cnico

Formulacion de un plan

Los m�todos que se pueden aplicar para mejorar un sistema de comercializaci�n son casi infinitos? por lo que es fundamental determinar ante todo cu�l de ellos es m�s adecuado para la situaci�n de que se trate.

Antes de emprender un programa de mejora de la comercializaci�n hay que realizar un estudio de la situaci�n existente. Sobre esa base podr�n definirse despu�s las metas de la mejora y podr� formularse un plan de acci�n. Es preferible encomendar el estudio a un grupo auspiciado por el gobierno, que conozca bien los mecanismos de comercializaci�n de los productos hortofrut�colas pero que no tenga intereses directos de propiedad ni de gesti�n en el sector. Sin embargo, la cooperaci�n activa de los grupos que participan en el comercio de frutas y hortalizas es esencial para el buen �xito del estudio.

En el estudio deben evaluarse cuantitativa y cualitativamente los aspectos ineficientes de las actuales operaciones de comercializaci�n; las carencias de los servicios, y todas las debilidades imputables a deficiencias de organizaci�n.

Han de definirse los objetivos sociales y econ�micos a los que se aspira, y clasificarse las deficiencias del presente sistema por orden de importancia en relaci�n con esos objetivos. Tambi�n es necesario calibrar la gravedad de cada deficiencia desde el punto de vista t�cnico, y evaluar las posibles soluciones t�cnicas.

El plan de desarrollo puede ser a corto, a mediano o a largo plazo. Puede abarcar todo el sistema de comercializaci�n, pero por lo general se limita a productos concretos o a un subsistema de la cadena de comercializaci�n. En �l deben describirse, con sus costos y beneficios econ�micos, varias opciones para la mejora de los mecanismos de comercializaci�n. Debe contener un calendario de aplicaci�n de los distintos componentes: procedimientos necesarios de organizaci�n y gesti�n; objetivos que hay que alcanzar; delegaci�n de responsabilidades pr�cticas en determinados particulares o grupos.

Aunque puede incumbir al gobierno la coordinaci�n de ese plan, la labor de seguimiento, y ano la financiaci�n de algunas partes, debe delegarse en instituciones del sector, como una autoridad del mercado o una asociaci�n de agricultores. La dependencia excesiva del control y la financiaci�n gubernamentales puede dificultar la gesti�n eficiente de una empresa comercial.

Capacitacion del personal de comercializacion

La carencia de personal capacitado constituye una limitaci�n importante para la mejora de los mecanismos del mercado en los pa�ses en desarrollo. Un requisito previo para todo programa de desarrollo de la comercializaci�n es la presencia de personas experimentadas en todos los aspectos del comercio de productos hortofrut�colas. El personal que haya de trabajar en la ejecuci�n del programa de mejora debe estar capacitado en las diversas tecnolog�as de apoyo y en sistemas de gesti�n. Se necesitar�n experiencia y conocimientos para establecer un servicio de asesoramiento a los agricultores y a las empresas encargadas de la manipulaci�n despu�s de la cosecha; y asimismo para administrar las instalaciones de almacenamiento y los centros de embalaje, y organizar las instalaciones del mercado.

Los agricultores y los comerciantes necesitar�n no s�lo capacitaci�n en las nuevas tecnolog�as que se introduzcan, sino tambi�n informaci�n sobre la necesidad de mejoras continuas en los mecanismos de comercializaci�n.

Para que puedan desarrollarse satisfactoriamente los mecanismos de comercializaci�n, la capacitaci�n de todo el personal que ha de trabajar en su funcionamiento ha de convertirse en un objetivo nacional prioritario. Sin embargo, la capacitaci�n ha de considerarse como una actividad a largo plazo: a la capacitaci�n inicial han de seguir experiencias de trabajo pr�ctico y nuevas actividades de capacitaci�n a niveles cada vez m�s avanzados.

Ha de impartirse capacitaci�n adicional al personal de los servicios de extensi�n, que tambi�n ha de adquirir suficientes conocimientos sobre las actividades de comercializaci�n para poder prestar asistencia a los agricultores.

Los comerciantes y las entidades encargadas de la manipulaci�n despu�s de la cosecha deber�n asimismo disponer de toda la informaci�n necesaria.

Servicios de investigaciones de mercado

Los departamentos de investigaciones de mercado son cada vez m�s �tiles a los gobiernos para:

Esos departamentos han de realizar estudios de preinversi�n y de viabilidad para los planes gubernamentales, pero tambi�n pueden prestar servicios similares para proyectos privados de importancia para el pa�s.

Aunque sus actividades requieren un economista especializado en comercializaci�n, el departamento debe disponer tambi�n de especialistas en todos los dem�s aspectos relacionados con la comercializaci�n de frutas y hortalizas, como la agronom�a, las tecnolog�as poscosecha, la planificaci�n urbana y la ingenier�a civil.

Asistencia a los peque�os agricultores

Puesto que en los pa�ses en desarrollo son peque�os agricultores los que producen la mayor parte de las frutas y hortalizas, todo programa destinado a mejorar los mecanismos de comercializaci�n ha de comprender planes para hacer m�s eficientes las actividades de esos productores. Los esfuerzos en ese sentido coincidir�n con las pol�ticas nacionales de desarrollo, pues la mayor�a de los pa�ses otorga importancia prioritaria a mejorar la situaci�n econ�mica y la calidad de vida de los peque�os agricultores.

Problemas que se plantean No es f�cil lograr el r�pido desarrollo econ�mico de los peque�os agricultores, cuya situaci�n se caracteriza por:

Esos son algunos de los obst�culos que se oponen al desarrollo general y que hay que abordar en primer lugar para que los peque�os agricultores puedan incorporarse a la corriente principal de la actividad econ�mica de los pa�ses en desarrollo.

Programas de mejora

El objetivo inmediato de un programa de mejora de la comercializaci�n suele ser el de generar mayores ingresos para los agricultores mediante la reducci�n de los costos de producci�n y de comercializaci�n; la reducci�n de las p�rdidas poscosecha mediante la introducci�n de m�todos m�s adecuados de cultivo y de manipulaci�n; el logro de precios m�s altos en el mercado mejorando la calidad de los productos; y la ense�anza de estrategias de comercializaci�n.

No es posible alcanzar todos esos objetivos al iniciar un programa de mejora de la comercializaci�n. Ha de procurarse ante todo individuar y abordar los principales obst�culos que se oponen al progreso, y hay que tener presente que no todos los agricultores tienen los mismos problemas. Por consiguiente, en el programa que se proponga a cada agricultor deber�n abordarse sus problemas, sugerirse soluciones y compararse los costos con los beneficios probables.

Es f�cil identificar problemas tales como el mal estado de las carreteras, pero lo es mucho menos reorientar la oferta del producto para adaptarla a las necesidades del mercado. Para que sea eficaz, el programa para los peque�os agricultores debe consistir en un conjunto coherente de propuestas t�cnicas y log�sticas; no bastar�n unos cuantos cambios inconexos y superficiales.

Adem�s, el �xito de un programa de mejora depender� del establecimiento de un conjunto de servicios de comercializaci�n necesarios para lograr los objetivos de desarrollo: un servicio personal, como el de especialistas en extensi�n encargados de asesorar a los agricultores; un servicio de informaci�n que suministre los datos necesarios para planear una estrategia flexible de comercializaci�n; un servicio de facilitaci�n de recursos, que preste asistencia para la obtenci�n de cr�ditos a la inversi�n.

Papel de los empresarios

Aunque los diversos apoyos t�cnicos que se faciliten har�n posible introducir mejoras en la comercializaci�n de los productos hortofrut�colas, el ritmo de desarrollo depender� en gran medida de la velocidad a que esos cambios puedan incorporarse al funcionamiento cotidiano del sistema de comercializaci�n.

Las medidas del gobierno para promover la mejora del sistema de comercializaci�n son importantes, pero sus efectos en el mercado son reducidos. Los que m�s eficazmente pueden promover el cambio son las empresas comerciales privadas, cuyas ganancias dependen de una gesti�n eficiente que responda a las necesidades del sector, y que, por consiguiente, est�n interesadas en apoyar cualesquiera novedades que puedan resultarles beneficiosas.

En los mecanismos tradicionales del mercado, en los que el producto pasa del agricultor a un mayorista y del mayorista al consumidor a trav�s de un comerciante, la actividad de �ste se considera necesaria pero sospechosa: es el �intermediario explorador�, le atribuyen diversas pr�cticas il�citas que perjudican al agricultor; se han constituido incluso cooperativas con la finalidad de eliminar el comercio privado. Aunque los resultados no son concluyentes, las dificultades econ�micas que enfrentan las cooperativas demuestran que las actividades comerciales requieren considerables aptitudes empresariales, y que las ganancias de los comerciantes son proporcionales a su capacidad para prestar los servicios que necesita el mercado: un gran volumen de negocios a cambio de un margen de beneficio reducido.

Existen, claro est�, algunos peque�os comerciantes cuyo �nico inter�s es el beneficio a corto plazo y que carecen de la visi�n, los conocimientos y el capital necesarios para modificar las pr�cticas existentes. Sin embargo, los comerciantes m�s experimentados y capaces acoger�n con entusiasmo las posibilidades de ampliar los mercados y de aumentar los beneficios por medio de una mejora generalizada de los mecanismas de comercializaci�n.

Est� cada vez m�s generalizada la conciencia de que el beneficio no es s�lo un m�vil aceptable para promover la eficiencia econ�mica, sino tambi�n una aspiraci�n encomiable. Muchas empresas de comercializaci�n apoyadas por el gobierno y muchas cooperativas han fracasado por faltarles el m�vil del beneficio y conciencia de la relaci�n costo/eficacia.

Los comerciantes privados tienen plena conciencia de esa relaci�n. De ah� que les corresponda un papel importante en cualquier programa para mejorar el sistema de comercializaci�n.

 


Ap�ndice I: Caracte r�sticas de los cultivos

Frutas

Bananos y pl�tanos (Musa spp.)

Comprenden:

El pl�tano: tradicionalmente se cultiva para cocinar como parte de la dieta b�sica, o para su elaboraci�n y transformaci�n en productos m�s duraderos, como la harina, que pueden almacenarse y utilizarse posteriormente para usos alimentarios.

El bluggoe: su uso es similar al del pl�tano, como alimento b�sico de consumo local.

El banano de postre: comprende las variedades Gros Michel y Cavendish, muy extendidas para su exportaci�n a pa�ses templados. El fruto maduro se consume tambi�n en el lugar de origen, pero en algunos pa�ses se cocina verde, cuando ha alcanzado su pleno desarrollo pero a�n no ha madurado, como alimento feculento b�sico.

Saz�n para la cosecha. Las recomendaciones publicadas sobre normas de madurez para la exportaci�n de bananos de postre no se aplican a los bananos que se cultivan para el consumo local. En los distintos pa�ses se cultivan muchos tipos de bananos para el consumo local, que se cocinan o elaboran de diversos modos. Si los bananos van a enviarse a mercados urbanos lejanos tienen que recolectarse cuando han alcanzado su pleno desarrollo pero todav�a est�n verdes, sin madurar, lo que reduce el riesgo de deterioro durante el transporte.

Recolecci�n. El m�todo de recolecci�n depende de la altura de la planta. Las variedades que crecen bajas pueden recolectarse cortando el tallo del racimo de 30 a 35 cm por encima de la mano superior. En las variedades m�s altas, se corta parcialmente el falso tronco de la planta para que el racimo quede al alcance del cosechados pueda as� cortarse el tallo. Los racimos recolectados se transportan mejor en bandejas acolchadas a fin de reducir los da�os durante la operaci�n.

Manipulaci�n en el campo. En la mayor parte de los pa�ses productores de bananos, la fruta suele transportarse al mercado en racimos. Esa pr�ctica ocasiona da�os a la fruta durante la manipulaci�n y el transporte, por lo que no es recomendable. Los bananos destinados a mercados urbanos sufren menos danos y tienen mejor aspecto si se cortan por manos y se embalan en cajas adecuadas.

Selecci�n y clasificaci�n. Los bananos muy inmaturos y peque�os, gravemente deteriorados o en v�as de descomposici�n deben desecharse. La clasificaci�n por tama�o y calidad depende de la demanda del mercado. En los mercados urbanos m�s exigentes (por ejemplo, los supermercados), se pagan a veces precios m�s altos por la fruta de buen aspecto y clasificada por tama�os.

Embalado. Todos los bananos recolectados deben mantenerse en un lugar seco y a la sombra antes y despu�s del embalado. Conviene realizar el embalado en el propio campo o lo m�s cerca posible. Es necesario disponer de instalaciones para mantener secos la fruta y los embalajes.

Tan pronto como se cortan del tallo, las manos de bananos deben apoyarse, con la parte curva hacia arriba, sobre las nervaduras centrales de hojas de banano frescas (Figura 37). De esta forma se impide que el l�tex de la corona cortada contamine la fruta. El l�tex suele dejar de fluir al cabo de 12 a 15 minutos, despu�s de lo cual los bananos pueden embalarse en cajas de madera o, preferiblemente, de cart�n, que puederner de cierre con leng�eta o de tipo telesc�pico. Las manos enteras de bananos pueden dividirse en manojos de cuatro o m�s piezas que se pueden embalar de manera m�s compacta para que haya un peso mayor de fruta por caja.

Las manos o manojos deben embalarse en cajas, con la parte curva hacia arriba, como se indica en la Figura 38, asegur�ndose de que las coronas de las manos colocadas encima no da�en los bananos de debajo. Las cajas tienen que estar llenas pero no en exceso; de otro modo los bananos se da�ar�an, pues ser�a la propia fruta, y no las paredes de las cajas, la que soportar�a el peso de las cajas colocadas encima.

Tratamientos despu�s de la cosecha. Los bananos que se venden en el mercado local y los que se venden a los consumidores de los mercados urbanos en un plazo de cuatro o cinco d�as no requieren tratamientos especiales despu�s de la cosecha.

Si su venta va a tardar m�s tiempo y la fruta va a venderse madura, puede ser necesario lavarla y sumergirla en fungicida o pulverizarla con �l antes de embalarla.

FIGURA 37: Una vez corladas, las manos de los bananos deben apoyarse sobre la nervadura central de una hola para facilitar la salida del l�tex del fruto.

FIGURA 38: Instrucciones para el embalaje eficiente de los bananos en cajas de cart�n.

Almacenamiento. Despu�s de la cosecha, los bananos tienen una vida muy corta si se mantienen a temperatura ambiente. Duran de cuatro a diez d�as cuando han alcanzado su pleno desarrollo pero est�n verdes, y de dos a cuatro d�as cuando est�n maduros. Tanto los bananos verdes como los maduros son sensibles al fr�o y sufren da�os a temperaturas inferiores a 13 grados cent�grados.

Maduraci�n. Aunque los bananos que se cosechan cuando se han desarrollado plenamente pero todav�a est�n verdes suelen madurar a la temperatura ambiente del lugar de cultivo, algunas variedades no llegan a adquirir plenamente el color de piel caracter�stico del fruto maduro. Si en los mercados urbanos m�s exigentes hay demanda de fruta con todo su color, es preferible llevar a cabo la maduraci�n en condiciones controladas a gran escala en el punto de distribuci�n urbano. Esa operaci�n requiere equipo especial, una buena gesti�n y conocimientos t�cnicos.

Cuando la operaci�n de maduraci�n se realiza localmente, conviene recurrir al asesoramiento de especialistas.

C�tricos (Citrus spp.)

Comprenden:

Las naranjas, los pomelos y las mandarinas: se utilizan maduros como fruta fresca o para jugo.

Los limones y las limas: se utilizan en cocina o para bebidas cuando est�n verdes pero plenamente desarrollados, o ya maduros.

Saz�n para la cosecha. Decidir si el c�trico est� a punto para ser cosechado plantea algunos problemas a los productores en peque�a escala. Los c�tricos no siguen madurando despu�s de la cosecha. Para que alcancen todo su sabor y dulzor tienen que dejarse en el �rbol hasta su maduraci�n. En el tr�pico es frecuente que los c�tricos sigan verdes aunque por dentro est�n totalmente maduros, y no adquieran en el �rbol su color amarillo anaranjado. Esa coloraci�n de la c�scara puede inducirse artificialmente despu�s de la cosecha (eliminaci�n del color verde).

Estos hechos hacen muy dif�cil tomar una decisi�n sobre la saz�n para la cosecha bas�ndose exclusivamente en el aspecto exterior del fruto en el �rbol. Los peque�os productores que comercializan sus propios productos pueden decidir que su fruta est� a punto en funci�n de diversas consideraciones, que dependen de las circunstancias, por ejemplo:

El color de la c�scara: la coloraci�n normal constituye una buena indicaci�n de madurez; si la c�scara del producto no adquiere el color habitual, una indicaci�n puede ser la variaci�n del tono de verde de la piel; los limones pasan de un verde oscuro a un tono verdoso plateado cuando maduran.

El tama�o: los cultivadores experimentados pueden evaluar el grado de madurez por el tama�o y por otras caracter�sticas, como leves cambios de color.

El estado de las partes internas del fruto: si se cortan en dos algunas piezas representativas que hayan alcanzado su pleno desarrollo, pueden considerarse maduras si el jugo tiene todo su sabor y est� dulce; la pulpa del fruto ha adquirido el color normal; gotea jugo del fruto cortado cuando la secci�n se mantiene en posici�n vertical.

Recolecci�n. Aunque la c�scara de los c�tricos es relativamente resistente y puede tolerar cierto grado de presi�n, se corta o agujerea f�cilmente, lo que permite la entrada a las graves enfermedades que causan su descomposici�n despu�s de la cosecha: el moho azul y el moho verde. Es necesario tener en todo momento el mayor cuidado para no cortar ni agujerear la c�scara de los c�tricos. Conviene utilizar cortadores o tijeras de podar para separar el fruto del �rbol. El fruto puede arrancarse con la mano, pero existe el peligro de arrancar el ped�nculo y da�ar as� la c�scara, o de estropear el �rbol ofreciendo un punto de entrada a las enfermedades de los cultivos. El trozo de ped�nculo que se deje pegado al fruto no debe ser de m�s de 0,5 cm de longitud. Si el fruto ha alcanzado su pleno desarrollo o est� maduro, el trozo de ped�nculo se seca y cae, dejando s�lo el c�liz de la flor (capullo) pegado al fruto. Al recolectar los c�tricos conviene meterlos en bolsas que llevan colgadas los recolectores o en cubos de pl�stico.

Manipulaci�n en el campo. La fruta recolectada se lleva en el contenedor de recolecci�n directamente a las instalaciones de embalaje o al punto de reuni�n en el campo, donde se vuelca en contenedores de campo. El producto debe estar protegido del sol y de la lluvia en todo momento en espera de embalarlo o de trasladarlo a las instalaciones de embalaje.

Selecci�n. Antes de embalar el producto hay que clasificarlo a fin de eliminar todos los cuerpos extra�os tales como hojas y ramitas. A continuaci�n, la fruta se inspecciona y se desechan las piezas que no est�n maduras, no se han desarrollado plenamente, son m�s peque�as de lo normal, o est�n da�adas o en descomposici�n. Los da�os superficiales de la piel pueden tolerarse en la medida en que el mercado los acepte. Los consumidores locales pueden estar m�s interesados en la calidad del producto que en su aspecto externo.

Clasificaci�n por tama�os. Cuando los c�tricos han de embalarse ordenadamente en cajas especiales de cart�n, suele convenir clasificarlos por tama�os. Las diferencias entre las categor�as depender�n de la variedad de fruta. El tama�o m�nimo aconsejable y las diferencias entre las categor�as de los distintos productos son:

Producto M�nimo (mm) Diferencia entre las categor�as (mm)
Naranjas, limones, mandarinas 50 5-10
Pomelos 70 15-20

En general, las limas no se clasifican por tama�os. Normalmente, los c�tricos que se env�an al mercado local en cajones de tablas son clasificados por tama�os por el minorista en el punto de venta.

Embalado. Los c�tricos que se venden en los mercados locales y en los mercados urbanos interiores se embalan en diversos tipos de contenedores. Se utilizan banastas, cajas de madera, sacos, bolsas, cajones de tablas de fabricaci�n industrial y cajas de cart�n. En la actualidad, la mayor parte de los c�tricos de producci�n comercial en gran escala se embalan en cajas de cart�n telesc�picas. Las dimensiones exteriores recomendables para las cajas son 50 x 30 x 30 cm. Pueden apilarse a raz�n de ocho cajas por capa en plataformas de embalado normalizadas de 1 x 1,2 m. La capacidad de esas cajas es de unos 18 a 20 kg.

Tambi�n pueden utilizarse para los c�tricos cajones de tablas siempre y cuando �stos no presenten bordes agudos o astillas que puedan da�ar la c�scara de la fruta. Los cajones de tablas no deben exceder los 25 kg de capacidad. Los cajones de mayor tama�o son dif�ciles de manejar y si se dejan caer pueden da�ar gravemente el producto. Las cajas pueden llenarse de c�tricos hasta un poco por encima del borde superior de forma que se ejerza sobre ellos una ligera presi�n al cerrarlas. De este modo se impide que la fruta se mueva dentro de la caja durante el transporte y la manipulaci�n y se tiene en cuenta la merma natural de tama�o.

Tratamientos despu�s de la cosecha. Los c�tricos que se producen para los mercados locales o para otros mercados internos no requieren tratamientos espec�ficos despu�s de la cosecha siempre y cuando se manipulen con cuidado y se embalen de manera adecuada. En general, los c�tricos de producci�n comercial para la exportaci�n se lavan, se tratan con fungicida y se enceran en cadenas de embalaje altamente automatizadas. En algunas ocasiones, los c�tricos destinados a los mercados urbanos interiores tienen que ser tratados con fungicida. En ese caso hay que lavar y secar la fruta despu�s de seleccionarla, tratarla con el fungicida y dejarla secar antes de embalarla. En los paises en los que algunas variedades de c�tricos mantienen su color verde aun despu�s de la maduraci�n no suele ser necesario quitarles ese color para venderlos. Con ello s�lo se cambia el color de la c�scara, sin hacerlos madurar por dentro. Esta operaci�n se realiza exponiendo la fruta a gas etileno a una temperatura ambiente controlada. Lo �nico que se consigue es que suba el precio al consumidor, sin mejora de la calidad.

Almacenamiento. Los c�tricos pueden conservarse hasta tres semanas a temperatura ambiente, seg�n la temperatura y la humedad del aire. Si el aire es seco pueden perder humedad y mermar al cabo de unos d�as. La fruta da�ada puede infectarse y descomponerse r�pidamente despu�s de la cosecha.

Mangos (variedades de Mangifera indica)

La informaci�n siguiente se refiere a los mangos que se cultivan para consumirlos maduros. En algunos paises se comen verdes, sin madurar, o se elaboran en ese estado para la confecci�n de encurtidos y de otras conservas.

Saz�n para la cosecha. Los mangos no maduran normalmente si se cosechan antes de que alcancen su pleno desarrollo, a�n verdes, en el �rbol; ser�n poco dulces y de escaso sabor. Si la fruta verde plenamente desarrollada se deja en el �rbol, madura y termina por caer.

No existe ning�n sistema sencillo y fiable para determinar cu�ndo est�n los mangos en saz�n para la cosecha. Se han se�alado diversas caracter�sticas para evaluar el grado de madurez, pero no son v�lidas para todos los productores ni para todas las condiciones de cultivo. Tienen que interpretarse a la luz de la experiencia local. Esas caracter�sticas son:

Ninguno de estos indicios puede considerarse en todos los casos una prueba fiable de que la fruta est� totalmente desarrollada. La observaci�n y la experiencia son la mejor orientaci�n para el peque�o productor.

Recolecci�n. Conviene recolectar los mangos con cortadores o tijeras de podar, dejando como m�ximo 5 mm de ped�nculo pegados al fruto. Los mangos pueden arrancarse del �rbol a mano dejando un ped�nculo m�s largo, pero despu�s hay que recortarlo a menos de 5 mm. Este m�todo no es recomendable, pues al arrancar la fruta es frecuente que se produzcan da�os que causan la putrefacci�n de la punta del ped�nculo.

Los frutos de los �rboles peque�os pueden recolectarse a mano desde el suelo, o utilizando escaleras. Sin embargo, un porcentaje importante de la producci�n de mangos en peque�a escala procede de �rboles viejos y grandes cayos frutos resultan inaccesibles a los recolectores desde el suelo. Esos frutos pueden cosecharse utilizando p�rtigas de recolecci�n con una bolsa de red suspendida de un aro de metal de 25 a 30 cm de di�metro sujeto al extremo de la p�rtiga. En general, el aro de la p�rtiga de recolecci�n lleva incorporado un aparato para cortar o arrancar la fruta del �rbol. Existen en el mercado algunas p�rtigas de recolecci�n industriales, pero normalmente los agricultores se las fabrican ellos mismos.

FIGURA 39: No existe ning�n procedimiento seguro para saber cu�ndo est�n los mangos maduros para la cosecha.

Para recolectar los mangos, los cosechadoras utilizan escaleras o se suben directamente al �rbol y arrojan la fruta a alguien que la recoge desde el suelo (Figura 40).

Manipulaci�n en el campo. Los mangos cosechados deben recogerse en contenedores de campo de no m�s de 25 kg de capacidad para transportarlos hasta el cobertizo de embalado. La fruta debe mantenerse a la sombra y manipularse con cuidado en todo momento despu�s de la cosecha.

FIGURA 40: Un cosechador, encaramado al �rbol, dela caer el manto, y airo cosechador lo recoge con un saco de yute sostenido con las manos y un pie. Luego, balando el saco, dela: rodar suavemente el fruto hasta el suelo.

Selecci�n y clasificaci�n. Antes de embalarlas, hay que desechar todas las piezas da�adas, en descomposici�n, poco desarrolladas o maduras. Para los mercados locales puede no ser necesaria su clasificaci�n por tama�os.

La fruta que se va a embalar en cajas de cart�n tiene que clasificarse por tama�os para poderla empaquetar ordenadamente en capas o embalarla en cajas compartimentadas de una sola capa.

Tratamientos despu�s de la cosecha. Los mangos destinados a la comercializaci�n local no suelen requerir ning�n tratamiento despu�s de la cosecha.

La fruta destinada a los supermercados urbanos puede necesitar un lavado si est� muy manchada de l�tex o polvo. Si se lava, tiene que secarse inmediatamente extendi�ndola en una capa sobre una red separada del suelo o sobre una rejilla de listones, a la sombra pero en un lugar bien ventilado. Los mangos mojados no deben en ning�n caso amontonarse en el suelo ni dejarse al sol para que se sequen.

La antracnosis es la principal causa de descomposici�n de los mangos despu�s de la cosecha. Se trata de una infecci�n latente que difunden las gotas de lluvia, que recogen esporas de las ramas de las plantas y las trasladan a la fruta, en la que germinan despu�s de la cosecha cuando la fruta madura. La enfermedad no se puede atajar por la mera inmersi�n del producto en fungicida despu�s de la cosecha. A escala comercial, los mangos destinados a la exportaci�n se sumergen a veces en agua caliente con fungicida para controlar la enfermedad. Ese tratamiento no es adecuado para las operaciones en peque�a escala.

Embalado. Se utilizan diversos tipos de embalajes para los mangos, en funci�n de las necesidades del mercado. La fruta destinada a los mercados locales suele embalarse en banastas o cajones de tablas, que pueden forrarse con paja u hojas. Los embalajes de m�s de 25 kg son dif�ciles de manejar con cuidado y pueden da�ar la fruta.

En la actualidad, los mangos destinados a minoristas y a supermercados urbanos suelen embalarse en cajas de cart�n de 10 a 15 kg de capacidad. La fruta se puede embalar suelta (Figura 21) o en una sola capa, en compartimentos (Figura 23).

Las cajas no deben llenarse en exceso, ya que la fruta de las cajas de abajo puede da�arse por el peso de las cajas de arriba. Si las cajas se llenan poco, la fruta se mueve demasiado, lo que causa magulladuras y ara�azos. Los mangos embalados en cajas de cart�n pueden venderse al por menor en la misma caja.

Almacenamiento. Los mangos verdes plenamente desarrollados tienen una vida muy corta a temperatura ambiente. Esos mangos s�lo pueden tenerse almacenados unas dos semanas a 13 grados cent�grados. A temperaturas inferiores, el fr�o los estropea y ya no se ponen maduros. A la temperatura ambiente del tr�pico maduran en un plazo de cuatro a siete d�as. A esa temperatura, s�lo duran de dos a cuatro d�as una vez maduros.


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