38. Miner�a - Beneficio y transporte
Indice
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1. Descripci�n del �mbito de actividad
2. Impacto ambiental y medidas de protecci�n
2.1 Carga, descarga y transporte
2.2 Trituraci�n, cribado, molienda y clasificaci�n
2.3 Separaci�n, flotaci�n
2.4 Tostaci�n
2.5 Almacenamiento y transporte del producto concentrado; restauraci�n de la cubierta vegetal
3. An�lisis y evaluaci�n de impacto ambiental. Fuentes de referencia
4. Relaci�n con otros �mbitos de actividad
5. Evaluaci�n sin�ptica de la relevancia ambiental
1. Descripci�n del �mbito de actividad
El beneficio constituye el enlace tecnol�gico entre la extracci�n o arranque de materias primas minerales y su transformaci�n en materiales de uso industrial. Las t�cnicas utilizadas sirven para concentrar el fino (material valioso) despu�s de separarlo del material est�ril que lo rodea. La gran variedad de materias primas y las grandes diferencias entre los yacimientos exigen una amplia gama de t�cnicas de beneficio, que van desde procesos simples de clasificaci�n y lavado de arena y grava hasta sofisticadas t�cnicas de enriquecimiento de metales finamente interestratificados, pasando por los m�todos relativamente complejos empleados en el procesamiento de la hulla. Las diversas fases del procesamiento metal�rgico se describen por separado en el cap�tulo "Metales no ferrosos".
La relevancia ambiental de las actividades aumenta muchas veces a la par de su envergadura y del grado de dificultad de las distintas fases de procesamiento. En el presente cap�tulo analizaremos a fondo los efectos ambientales de las plantas de procesamiento de minerales met�licos, por ser �stas un ejemplo representativo de la gama de posibles da�os ecol�gicos.
Cabe se�alar que no se examinar�n casos especiales, como por ejemplo el procesamiento de mineral de uranio, para el que existen disposiciones especiales en todo el mundo. Se excluir�n, asimismo, todos los procesos de reciclaje de productos minerales usados, tales como bater�as, vidrio y otros.
2. Impacto ambiental y medidas de protecci�n
2.1 Carga, descarga y transporte
La carga y descarga de camiones y vagones produce grandes cantidades de polvo. Adem�s, los veh�culos pierden polvo fino por acci�n del viento durante el transporte. Trenes y camiones emiten ruido y gases nocivos y circulan por carreteras o v�as f�rreas que ocupan importantes superficies de terreno. Las obras de construcci�n, a su vez, repercuten negativamente en la naturaleza y en las condiciones de vivienda (v�anse los cap�tulos "Planificaci�n del tr�fico", "Construcci�n de viviendas y saneamiento de barrios" y "Circulaci�n vial").
La planta de beneficio deber�a instalarse directamente en la mina o en sus inmediaciones, a fin de reducir los efectos ambientales. La instalaci�n cercana a la mina permite emplear cintas transportadoras, evitando as� el uso de camiones y trenes. Si no existe una alternativa viable al transporte por cami�n, los caminos deben cubrirse con una capa de material bituminoso o de concreto de cemento y mantenerse siempre limpios. La limpieza peri�dica de los camiones o la instalaci�n de un equipo de lavado de ruedas ayuda a reducir las emisiones de polvo. Los camiones con bajos niveles de emisi�n de gases y de ruido ayudan a reducir la contaminaci�n con mon�xido de carbono, hidrocarburos, �xidos de nitr�geno, negro de humo y ruido. Para evitar las emisiones durante el transporte, podr�n tomarse, adem�s, otras medidas de protecci�n, consistentes, por ejemplo, en cubrir la carga, rociarla con agua, o transportarla en contenedores cerrados. Al cargar y descargar productos que desprendan grandes cantidades de polvo deber�n instalarse equipos de aspiraci�n y desempolvamiento en las instalaciones de carga y descarga (por ejemplo, en fondos de tolva y canalones de evacuaci�n). Al llenar contenedores cerrados debe eliminarse el polvo del aire desplazado. El grado de desempolvamiento requerido depende de la nocividad del polvo y puede realizarse con ciclones (separadores centr�fugos) y tejidos filtrantes.
Por razones de mantenimiento y de protecci�n ambiental, los transportadores de cinta deben dotarse de un recubrimiento que reduzca las emisiones de polvo y ruido. Los dispositivos de impulsi�n ubicados en las torres de viraje de las cintas producen ruidos intensos de hasta 120 dB (A). Las medidas de insonorizaci�n complementarias son m�s eficaces si van precedidas de un examen de todas las fuentes de ruido de la instalaci�n de procesamiento. El tama�o de las aberturas de las tolvas determina la intensidad del ruido emitido por �stas durante las labores de descarga. El uso de esclusas adicionales contribuye a reducir dichas emisiones.
2.2 Trituraci�n, cribado, molienda y clasificaci�n
La trituraci�n previa o desbaste del material se realiza preferentemente en machacadoras de mand�bulas, a las cuales se conecta una instalaci�n de cribado que retiene las part�culas de tama�o excesivo para que vuelvan a ser machacadas. Las part�culas de tama�o adecuado son recogidas en dep�sitos intermedios, de donde son llevadas a la trituraci�n fina por cintas transportadoras. Durante la clasificaci�n granulom�trica, los granos de tama�o excesivo son devueltos continuamente al triturador y los de tama�o normal son almacenados en un dep�sito intermedio. Si se requieren productos m�s finos, el material puede ser triturado nuevamente en un molino de bolas o de barras, en cuya salida se separa la materia prima en part�culas de tama�o adecuado.
Todas las etapas del proceso producen polvo y ruido, que pueden contaminar el puesto de trabajo y el medio ambiente.
No existen valores universales que puedan usarse para calcular la cantidad de polvo producido en una instalaci�n determinada, ya que �sta depende, entre otros factores, de la estructura cristalina y de la composici�n geol�gica de los minerales, del grado de trituraci�n y de las caracter�sticas t�cnicas de la instalaci�n. Sin embargo, si se tiene en cuenta que una explotaci�n moderna procesa un promedio de hasta 50.000 toneladas diarias de mineral, incluso un porcentaje m�nimo de emisiones de polvo contaminar�a los suelos y la vegetaci�n en el entorno de las instalaciones de procesamiento. Sobre todo la deposici�n de metales pesados en los seres vivientes a trav�s de la cadena alimentaria puede perjudicar la salud humana. La presencia de polvos fibrosos en el puesto de trabajo, por su parte, puede causar da�os a la salud, produciendo silicosis o asbestosis.
Para reducir al m�nimo la contaminaci�n con polvo, las m�quinas deben dotarse de un revestimiento adecuado. Donde esto no sea posible por razones t�cnicas, el aire de salida deber� conducirse a un separador de polvo. La selecci�n del dispositivo filtrante m�s adecuado se hace en funci�n de la composici�n y de la distribuci�n granulom�trica de las part�culas emitidas. Por lo general, se utilizan ciclones para la filtraci�n basta y tejidos filtrante para las part�culas finas. Con ello se reduce la concentraci�n de polvo en el aire depurado a menos de 10 mg/m�. En los �mbitos de trabajo con altas emisiones de polvo, debe prescribirse el uso de m�scaras protectoras para los operarios. En zonas c�lidas conviene usar m�scaras con superficies filtrantes grandes.
Para limitar las emisiones de ruido, conviene aislar las instalaciones, reduciendo al m�nimo el n�mero de aberturas en el aislamiento. Adem�s, dado que las instalaciones de procesamiento funcionan las 24 horas del d�a, conviene adoptar medidas destinadas a reducir las molestias nocturnas en las zonas residenciales circundantes. Las medidas antisonoras deben iniciarse ya en la fase de planificaci�n, pudiendo preverse distancias m�nimas entre instalaciones y viviendas, as� como la construcci�n de terraplenes y/o muros antirruido.
En el puesto de trabajo, la automatizaci�n y la instalaci�n de estaciones de control a distancia constituyen la �nica posibilidad de evitar la contaminaci�n ac�stica. En puestos de trabajo con altos niveles de ruido, los operarios deben disponer de protectores auditivos y estar concientizados para usarlos responsablemente, a fin de evitar casos de sordera.
2.3 Separaci�n, flotaci�n
Las instalaciones de procesamiento requieren agua para la separaci�n de materiales flotantes y sedimentables, para la clasificaci�n en cribas mec�nicas y en ciclones y para la preparaci�n de ba�os (pulpas) de flotaci�n. En este �ltimo proceso, el agua se utiliza para eliminar el material est�ril por medios gravim�tricos y para lavar el material valioso, eliminando las part�culas en suspensi�n. La demanda total de agua var�a considerablemente, dependiendo de las caracter�sticas de la materia prima, as� como de la naturaleza del yacimiento y de los procesos utilizados.
Las t�cnicas de separaci�n en medio denso se usan exclusivamente para el procesamiento de granos gruesos. Entre los aditivos empleados para aumentar la densidad de la pulpa se cuentan la magnetita, la galena, el ferrosilicio y, en algunos casos, el espato pesado. Para reducir la consistencia, pueden a�adirse entre 0,3 g y 1 g de hexametafosfato s�dico por litro de pulpa. El agua debe hacerse circular en un circuito cerrado, pudi�ndose extraer las part�culas s�lidas mediante estanques de sedimentaci�n, filtros h�medos o ciclones. A pesar de usar varias veces el agua reciclada, el consumo de agua limpia puede ser de 0,5 m� a 1,5 m� por tonelada de material en bruto.
El enriquecimiento por flotaci�n se usa para separar minerales mixtos o finamente interestratificados, a fin de concentrarlos por separado. Para ello se utilizan sustancias qu�micas especiales (reactivos) que producen reacciones surfactivas f�sico-qu�micas en el mineral. La materia prima debe ser triturada de antemano, de forma que queden �nicamente interestratificaciones m�nimas de los materiales a ser separados. Las part�culas s�lidas contenidas en los lodos residuales de la flotaci�n son de tama�o muy reducido (granos ultrafinos a coloidales), lo cual hace que se sedimenten muy lentamente. En vista de ello, los lodos son sometidos a una deshidrataci�n preliminar en espesadores, a fin de recuperar r�pidamente una parte del agua de proceso. Los desechos est�riles (colas) contienen a�n cantidades considerables de agua, por lo que son bombeados a estanques de sedimentaci�n donde se decantan lentamente las sustancias s�lidas (el proceso de sedimentaci�n puede durar una semana, aproximadamente). La fase l�quida se recupera en forma de agua infiltraci�n.
Los reactivos de flotaci�n se dividen en colectores, espumantes y modificadores. Los colectores son compuestos tensioactivos org�nicos que impermeabilizan la superficie del mineral y que se seleccionan en funci�n de los diversos minerales. Para la flotaci�n de minerales sulfurados se requieren, por ejemplo, entre 10 g y 500 g de xantatos por tonelada de mineral. Para la flotaci�n de minerales no sulfurados se requieren entre 100 g y 1000 g de sulfonato o de �cidos grasos no saturados por tonelada de mineral.
Los reactivos espumantes (terpenos, cresol, metilisobutilcarbinol, �steres monomet�licos de glicoles prop�licos, etc.) influyen en el tama�o de las burbujas de aire y estabilizan la espuma en el aparato de flotaci�n. El consumo para la flotaci�n de minerales sulfurados puede ser de 5 g a 50 g por tonelada de mineral bruto.
Los reactivos modificadores se usan para regular el pH; com�nmente se emplean cal, sosa o sosa c�ustica para ajustar la alcalinidad, y �cido sulf�rico para acidular. Adem�s, se utilizan reactivos de pasivaci�n o activaci�n -por ejemplo, sulfato de cobre o sulfato de zinc- para acentuar las diferencias de impermeabilidad de los distintos minerales a separar. En la flotaci�n selectiva de minerales sulfurados se emplean cianuros alcalinos. En caso de agregar cianuros, la pulpa debe ser siempre alcalina para evitar el escape de �cido pr�sico al aire. Las cantidades a�adidas var�an entre 1 g y 10 g por tonelada de mineral. Los reactivos empleados en la flotaci�n selectiva incluyen, adem�s, sulfuro de sodio, dicromato, silicato de potasa y formadores de complejos.
Muchos de los reactivos y aditivos qu�micos empleados en la flotaci�n constituyen un peligro de contaminaci�n para las aguas. Por lo tanto, para prevenir las dosis excesivas de estas sustancias, deben emplearse aparatos dosificadores, cuya operaci�n debe vigilarse cuidadosamente. Adem�s, en el caso de reactivos de flotaci�n potencialmente contaminantes, deben aplicarse normas de seguridad estrictas a las instalaciones y equipos de almacenamiento, llenado, trasvase y aplicaci�n. Dependiendo del potencial contaminante de las sustancias almacenadas y del grado de protecci�n necesario (por ejemplo, alto grado de protecci�n en cuencas de captaci�n de agua potable), las medidas de seguridad deben excluir la posibilidad de una contaminaci�n de las aguas superficiales y subterr�neas. Dado el caso, se instalar�n dep�sitos colectores impermeables y resistentes a productos qu�micos, sin orificio de desag�e, para captar de forma controlada cualquier sustancia perjudicial en caso de fugas, sobrellenado o accidentes. El volumen de captaci�n debe ser tal que puedan retenerse las sustancias derramadas hasta haber tomado medidas procedentes para superar la emergencia. Los dep�sitos de almacenamiento deben ser de doble pared y estar provistos de detectores de fugas y dispositivos de seguridad para prevenir el sobrellenado.
Todas las medidas y normas de conducta destinadas a evitar la contaminaci�n de aguas con reactivos de flotaci�n deben reunirse en instrucciones de operaci�n y emplearse para la capacitaci�n del personal. Adem�s, se requieren manuales con planes para la supervisi�n, el mantenimiento y medidas de emergencia en caso de fallas de operaci�n. Finalmente, dependiendo del grado de nocividad de los distintos reactivos, ser� necesario establecer y vigilar el cumplimiento de medidas de seguridad laboral para el manejo de dichas sustancias.
Las medidas de sensibilizaci�n y capacitaci�n son sumamente importantes, ya que en muchos casos la contaminaci�n ambiental es causada por deficiencias en el manejo, almacenamiento y transporte de las sustancias empleadas en el procesamiento.
Los residuos procedentes de la concentraci�n del mineral contienen peque�as cantidades de reactivos de flotaci�n, productos qu�micos de lixiviaci�n o densificadores, las cuales son vertidas en las lagunas de colas junto con los residuos. Esto significa que el agua de infiltraci�n recogida en el desag�e de las lagunas debe analizarse antes de ser conducida nuevamente al circuito de agua de proceso, a fin de determinar su contenido en compuestos qu�micos empleados en el beneficio. Sin embargo, la mayor parte de los reactivos se encuentran en el concentrado �til. Al deshidratar el concentrado, los reactivos y productos qu�micos son evacuados junto con el agua, siendo conducidos nuevamente al ciclo de trituraci�n fina.
Despu�s de los procesos de espesamiento, filtraci�n y deshidrataci�n, el concentrado puede contener hasta un 8% de humedad residual, lo cual significa que las instalaciones de concentraci�n deben recurrir a otras fuentes para suplir el d�ficit de agua. El agua empleada para la concentraci�n (hasta 5 m� de agua por tonelada de mineral) puede contener aproximadamente un 30% de agua limpia. El consumo de agua en las plantas de tratamiento debe planificarse cuidadosamente, a fin de lograr una adaptaci�n �ptima a los recursos h�dricos superficiales y subterr�neos de la regi�n y evitar efectos ambientales y problemas en el suministro de agua potable.
El agua de procesos debe tratarse debidamente y hacerse circular en un circuito cerrado. Los procesos que conducen el agua directamente al cauce receptor despu�s del tratamiento del mineral pueden enlodar y contaminar �ste, especialmente si contienen grandes cantidades de sedimentos o sustancias qu�micas.
Otro problema derivado del beneficio son las grandes superficies requeridas para la deposici�n del material residual (ganga y colas). Al disminuir la cantidad de material �til contenido en la mena, aumenta el volumen de material procesado y se incrementan de forma desproporcionada las superficies necesarias a largo plazo para la deposici�n de material est�ril. La magnitud de este problema se refleja en el hecho de que, en una planta de beneficio con un volumen de procesamiento de unas 45.000 toneladas diarias y un per�odo de operaci�n de unos 20 a�os, los estanques de sedimentaci�n ocupan una superficie de 400 a 500 hect�reas y tienen una capacidad de 300 a 350 millones de metros c�bicos. El tama�o de las lagunas de colas puede reducirse en algunos casos, utilizando el material secado como relleno en minas subterr�neas. Sin embargo, este procedimiento no siempre puede aplicarse, por lo que resulta imposible prescindir totalmente de las lagunas y escombreras.
Nunca deben construirse grandes estanques de sedimentaci�n sin haber estudiado minuciosamente las condiciones del lugar. Adem�s de identificar exactamente los componentes f�sicos y qu�micos del material de desmonte, deber�n analizarse particularmente las condiciones hidrogeol�gicas, as� como las propiedades geol�gicas del suelo subyacente. La permeabilidad de los estratos y el r�gimen de drenaje natural son factores esenciales que influyen en la protecci�n de las aguas subterr�neas. En vista de que las lagunas de colas se utilizan durante varias d�cadas y est�n sujetas a ampliaciones, los planes de emergencia deben prever la rotura de diques causada por un exceso de precipitaciones.
Debe tenerse en cuenta, adem�s, que las precipitaciones pueden iniciar procesos de lixiviaci�n, haciendo de la escombrera una fuente de aguas contaminadas de escurrimiento e infiltraci�n. El peligro de contaminaci�n del agua subterr�nea surge cuando el lecho de la escombrera es excesivamente permeable y cuando el material depositado contiene una alta concentraci�n de sustancias hidrosolubles o de metales pesados. Las medidas de protecci�n m�s importantes incluyen la impermeabilizaci�n del lecho, la minimizaci�n de las aguas de aspersi�n y la captaci�n del efluente. Adem�s, deben construirse pozos de observaci�n, incluso antes de iniciar el vertido de escombros.
Las escombreras son una fuente inevitable de emisiones de polvo. La altura de descarga del material seco debe ser lo menor posible y los puntos de transferencia deben aislarse para impedir el escape de part�culas finas. Las medidas destinadas a prevenir el levantamiento de polvo incluyen la compactaci�n de superficies, la aspersi�n del material est�ril, la aplicaci�n de aglomerantes no contaminantes a las superficies expuestas y el establecimiento oportuno de una capa vegetal en el lado de la escombrera que recibe la acci�n del viento. En vista de que las bombas, veh�culos de transporte, aplanadoras y cintas transportadoras generan ruido, deber�n tomarse adem�s medidas insonorizantes (aislamiento de veh�culos y m�quinas, construcci�n de barreras antirruido, etc.), especialmente si hay viviendas en las inmediaciones.
Las lagunas de colas y las escombreras deben rodearse de una zanja impermeable en la que se capten las aguas de escurrimiento e infiltraci�n, las cuales deben analizarse antes de ser conducidas al cauce receptor. Antes de verter efluentes en �ste, deber� comprobarse que la concentraci�n de sustancias sedimentables sea compatible con el uso y la sensibilidad de las aguas. Dependiendo de las materias que se viertan en las lagunas de colas y escombreras, puede ser necesario llevar a cabo un an�lisis complementario del agua para determinar si contiene otras sustancias contaminantes (por ejemplo, metales pesados y productos qu�micos empleados en el procesamiento). Los procesos qu�micos y f�sicos empleados en la depuraci�n del agua (decantaci�n, floculaci�n, oxidaci�n qu�mica, evaporaci�n, etc.) dependen de las sustancias contaminantes contenidas en ella.
Teniendo en cuenta la erosi�n y sus posible efectos sobre las emisiones, ser� necesario observar las aguas de escurrimiento o infiltraci�n a largo plazo y, dado el caso, establecer un sistema de vigilancia continua.
Aparte de la flotaci�n, se usan t�cnicas de lixiviaci�n y amalgamaci�n para separar los minerales. El oro, por ejemplo, se extrae del concentrado gravim�trico en forma de amalgama, haci�ndolo reaccionar con mercurio met�lico. El concentrado residual, por su parte, se somete a lixiviaci�n, a�adiendo para ello una soluci�n de cianuro. Ambos procesos producen efectos ambientales importantes y dif�ciles de corregir. Las aguas residuales contaminadas con mercurio generan problemas especiales al ser conducidas directamente al cauce receptor, sin tratamiento previo. Pero aun en caso de retener el mercurio con las nuevas resinas intercambiadoras de iones, no es seguro que se pueda reducir la concentraci�n residual de este metal a niveles aceptables. Por otra parte, la gran gama de sustancias qu�micas que se emplean en la lixiviaci�n del oro (cianuros, cal, nitrato de plomo, �cido sulf�rico, sulfato de cinc, etc.), al igual que los procesos de tratamiento, plantean riesgos de contaminaci�n del aire, el agua y el suelo. Por lo tanto, la planificaci�n debe incluir todas las medidas y precauciones que, por motivos de protecci�n ambiental y de seguridad en el trabajo, podr�an aplicarse en una empresa de la industria qu�mica inorg�nica. Las medidas incluyen la captaci�n de vapores emitidos por los dep�sitos y tanques de reacci�n y la instalaci�n de depuradores de vapores destinados a reducir las emisiones contaminantes. Las soluciones acuosas procedentes de filtros-prensa deben hacerse circular en circuitos cerrados. El lodo de filtraci�n procedente de filtros de vac�o, por su parte, debe analizarse para determinar su aptitud para la deposici�n en rellenos sanitarios y, en caso necesario, someterse a un tratamiento previo. Las aguas residuales provenientes de la amalgamaci�n y de la lixiviaci�n deben controlarse regularmente.
2.4 Tostaci�n
Otro m�todo de concentraci�n de minerales es la tostaci�n, la cual se utiliza para el tratamiento de menas sulfuradas. Los gases de tostaci�n contienen altas concentraciones de di�xido de azufre y deben ser tratados con centrifugadoras y separadores electroest�ticos para eliminar el polvo. El tratamiento del di�xido de azufre es indispensable, ya que los gases de tostaci�n son altamente agresivos y pueden destruir gran parte de la vegetaci�n en los alrededores de las instalaciones. Es importante, especialmente, garantizar el cierre herm�tico de los dispositivos de alimentaci�n y de descarga del horno. Las emisiones de polvo procedentes del dep�sito de alimentaci�n pueden eliminarse en gran medida con tejidos filtrantes. Las emisiones de ruido provenientes de los dispositivos soplantes, por su parte, pueden reducirse con un revestimiento insonorizante. Por �ltimo, dependiendo de los compuestos org�nicos empleados en el procesamiento (caracter�sticas y concentraci�n) y de las condiciones de operaci�n de la planta, es posible que los gases de escape, las cenizas y/o las escorias de la tostaci�n clorurada contengan compuestos policlorados (dibenzofurano y dibenzodioxano). En caso de detectar estas sustancias nocivas, deber�n modificarse las condiciones de operaci�n, a fin de reducir al m�nimo las emisiones.
2.5 Almacenamiento y transporte del producto concentrado; restauraci�n de la cubierta vegetal
El almacenamiento de concentrados al aire libre implica riesgos de contaminaci�n del aire, del suelo y de las aguas, debido a la acci�n del viento y de las precipitaciones.
La superficie sobre la cual se almacenan los concentrados debe sellarse adecuadamente para evitar la contaminaci�n de las capas superiores del suelo. En general, el recubrimiento con lonas y el mantenimiento de un nivel constante de humedad en la superficie del dep�sito no ofrecen protecci�n suficiente contra la acci�n del viento. Por este motivo, debe preverse la construcci�n de un dep�sito cubierto y cerrado. En vista de que las operaciones de carga y descarga generan polvo, deber�n tomarse medidas para reducir las emisiones de polvo en el interior del dep�sito (por ejemplo, reducir al m�nimo la altura de descarga).
Las medidas relacionadas con el transporte del material coinciden con las mencionadas en el punto 2.1.
Ser� necesario determinar en cada caso si las superficies seleccionadas para el establecimiento de estanques de sedimentaci�n y escombreras constituyen espacios vitales importantes para la flora y la fauna. Asimismo, deber� estudiarse la posibilidad de prevenir la erosi�n e�lica e hidr�ulica en taludes y terraplenes y de compensar en alguna medida los efectos ambientales, mediante el restablecimiento oportuno de una capa vegetal. Las caracter�sticas y la envergadura de las actividades de recultivo deben establecerse en un cat�logo de medidas, que debe ser elaborado en coordinaci�n con las entidades responsables de la planificaci�n regional y paisaj�stica. Si, por ejemplo, se pretende destinar las superficies a la agricultura o a la horticultura, ser� necesario identificar las sustancias contaminantes contenidas en el material depositado y determinar su movilidad (capacidad de migraci�n). En caso necesario, deber� compactarse o sellarse el suelo, a fin de evitar la penetraci�n de materias contaminantes. La disponibilidad de material cultivable para la recuperaci�n del terreno debe determinarse de antemano, en la fase de planificaci�n.
3. An�lisis y evaluaci�n de impacto ambiental. Fuentes de referencia
El procesamiento y el transporte de minerales producen emisiones importantes de polvo. Para reducirlas, se requieren m�todos adecuados de colecci�n y separaci�n, los cuales deben ser particularmente eficaces cuando las emisiones contienen metales pesados, tales como cadmio, mercurio, talio, ars�nico, cobalto, n�quel, selenio, telurio o plomo. Asimismo, es indispensable determinar la cantidad efectiva (Kg/h) de metales pesados en el aire de salida de las instalaciones, a fin de fijar valores l�mite para el aire depurado. El cadmio, el mercurio y el talio son especialmente nocivos, por lo que las concentraciones l�mite admitidas deben ser inferiores a las de los dem�s metales pesados. Si el polvo emitido contiene cuarzo, debe tenerse en cuenta adem�s el riesgo de la silicosis, cuya prevenci�n requiere la vigilancia continua de las concentraciones de polvo en el puesto de trabajo. En los puestos de trabajo con emisiones de polvo es importante ofrecer servicios de medicina laboral para los trabajadores.
La vegetaci�n tambi�n puede sufrir da�os debido a la acci�n corrosiva de sustancias minerales solubles en aguas lluvia. Por otra parte, una capa espesa de polvo puede restringir la capacidad natural de asimilaci�n de las plantas y, en casos extremos, causar su muerte. Las instalaciones procesadoras de menas con contenido en metales pesados, por su parte, son una fuente potencial de contaminaci�n del suelo en los terrenos circundantes, por lo que ser� necesario determinar el contenido de metales pesados en el mineral portante antes de construir las instalaciones.
Existen actualmente dispositivos recogedores y separadores de polvo de eficacia comprobada, cuyo funcionamiento eficiente no obstante debe controlarse a trav�s de mediciones. Las instalaciones deben ser operadas seg�n un reglamento escrito en el que se detallen todas las actividades de inspecci�n, mantenimiento y reparaci�n requeridas para filtros y separadores.
En condiciones ambientales inadecuadas, algunos polvos finos pueden encenderse o explotar, debido a acumulaciones t�rmicas, al recalentamiento de un cojinete o a la acci�n de una chispa. Para prevenir este peligro deben mantenerse buenas condiciones de ventilaci�n. Adem�s, dependiendo de las condiciones, puede ser conveniente establecer un ambiente inerte o instalar sistemas de impulsi�n neum�tica y blindajes a prueba de presi�n.
Las sustancias contaminantes empleadas en los procesos de tratamiento pueden contaminar el suelo y las aguas. Las causas inmediatas de la contaminaci�n incluyen fugas, descuidos y accidentes. Por tanto, los equipos de almacenamiento, llenado y trasvase de sustancias contaminantes, al igual que las instalaciones de proceso, deben dise�arse y operarse de forma que se eviten estas emisiones. Asimismo, deben aplicarse normas de protecci�n para el transporte y la disposici�n de las sustancias qu�micas. Finalmente, debe reglamentarse el manejo de sustancias qu�micas con el fin de proteger a los trabajadores. Los procesos de separaci�n y concentraci�n basados en la lixiviaci�n, la amalgamaci�n y la tostaci�n constituyen un peligro ambiental particularmente grave debido a las sustancias qu�micas empleadas (cianuros, mercurio, etc.) y, en el caso de la tostaci�n, a la emisi�n de gases �cidos. Por lo tanto, estos procesos requieren t�cnicas complementarias destinadas a retener el mercurio, tratar los gases de tostaci�n y reducir las emisiones de la lixiviaci�n.
Como se se�al� arriba, las lagunas de colas, los estanques de sedimentaci�n y las escombreras ocupan grandes extensiones de terreno. Al evaluar las emisiones de contaminantes debe tenerse en cuenta especialmente la morfolog�a del subsuelo. Para evitar a largo plazo la contaminaci�n de las aguas superficiales y subterr�neas, ser� imprescindible, adem�s, realizar an�lisis especiales, empezando en la fase de planificaci�n. Hasta la fecha no se han establecido valores l�mite para la contaminaci�n del subsuelo con sustancias contenidas en los lodos de beneficio. Por lo tanto, al construir nuevas instalaciones, conviene recurrir a datos emp�ricos obtenidos en lagunas de colas de instalaciones similares. Las pilas de lodos de carb�n, por su parte, deben compactarse firmemente para evitar la autoignici�n.
El establecimiento de estanques y escombreras en superficies agr�colas tiene por consecuencia la eliminaci�n de fuentes de ingresos, por lo que ser� necesario estudiar las consecuencias para los sectores afectados de la poblaci�n, especialmente para las mujeres, e identificar fuentes de ingresos alternativas. La integraci�n oportuna de la poblaci�n en los procesos de informaci�n y de decisi�n constituye un medio eficaz para evitar o mitigar los conflictos sociales.
Las aguas residuales del tratamiento, al igual que las aguas de infiltraci�n procedentes de lagunas de colas y escombreras pueden contaminar el suelo y las aguas superficiales y subterr�neas con metales pesados o sustancias qu�micas. Ello implica un riesgo especial para el abastecimiento de agua potable. Las altas concentraciones de sedimentos, por su parte, pueden causar el enlodamiento y la acumulaci�n de sustancias contaminantes en el lecho de los r�os. En vista de los riesgos, se requiere un control permanente de las aguas residuales de las plantas de procesamiento, las cuales deben depurarse, teniendo en cuenta las caracter�sticas y la concentraci�n de metales pesados, sedimentos y productos qu�micos contaminantes.
La reducci�n del ruido generado por las instalaciones de procesamiento depende en gran medida de las dimensiones y de la capacidad aislante de los revestimientos empleados en los equipos. Para prevenir la contaminaci�n ac�stica en zonas residenciales, conviene dejar distancias m�nimas entre instalaciones y viviendas. Las correspondientes medidas deben dise�arse antes de iniciar las operaciones; es decir, en la fase de planificaci�n. Para limitar las emisiones de ruido procedentes de la operaci�n de lagunas de colas y escombreras, deben tomarse medidas apropiadas, especialmente si hay viviendas en las inmediaciones.
En Alemania, las emisiones de ruido admisibles se hallan registradas en el reglamento administrativo sobre el control de la contaminaci�n ac�stica.43 Las emisiones admisibles dependen de la ubicaci�n de la planta (por ejemplo, zona industrial, zona residencial, etc.).
43Technische Anleitung L�rm.
En las instalaciones de beneficio conviene, al igual que en Alemania, nombrar encargados de empresa competentes en materia de emisiones y protecci�n de aguas, as� como en cuestiones relativas a la gesti�n de residuos s�lidos. Estos cargos deben desempe�arse de forma independiente y estar desligados de la producci�n. Adem�s, para asuntos de seguridad e higiene, debe haber un delegado de seguridad y un m�dico del trabajo.
4. Relaci�n con otros �mbitos de actividad
En vista de que las plantas de beneficio de materias primas minerales generalmente est�n ligadas a instalaciones mineras, conviene tener en cuenta los dem�s cap�tulos relativos a la miner�a.
El tratamiento de minerales requiere grandes superficies, por lo que debe coordinarse con el uso actual y futuro del terreno a nivel regional. Conviene consultar en este contexto los cap�tulos "Ordenaci�n espacial y planificaci�n regional" y "Planificaci�n de emplazamientos industriales".
Donde no sea posible combinar directamente la planta de tratamiento con las instalaciones de extracci�n, ser� necesario construir una infraestructura vial adecuada para el transporte de los minerales, en cuyo caso se tendr� en cuenta el cap�tulo "Construcci�n y mantenimiento de redes viales; construcci�n de caminos rurales".
En regiones �ridas, el consumo de agua de la planta de tratamiento es un factor de alta prioridad que incide en el aprovechamiento racional de los recursos h�dricos. Por lo tanto, deber� tenerse en cuenta en el plan de gesti�n de recursos h�dricos (v�ase el correspondiente cap�tulo).
5. Evaluaci�n sin�ptica de la relevancia ambiental
Si el emplazamiento previsto de la planta de tratamiento se halla en una zona escasamente poblada, deben tenerse en cuenta los objetivos establecidos en el plan de desarrollo de la regi�n. De ser posible, se dar� preferencia a zonas de importancia secundaria para el funcionamiento del ecosistema de la regi�n, evitando las �reas ecol�gicamente sensibles.
Debido a los procesos empleados, son considerables las emisiones de polvo y de ruido en la mayor�a de las instalaciones de tratamiento. Las molestias y emisiones de contaminantes en las inmediaciones de los equipos pueden reducirse a niveles aceptables mediante revestimientos adecuados y colectores o separadores de polvo. Es m�s dif�cil, en cambio, reducir las emisiones de polvo procedentes de las escombreras y de los dep�sitos de material seco, en los que se hace necesario humedecer el polvo, cubrir el material, consolidar la superficie o establecer una cubierta vegetal.
Las plantas de beneficio producen un alto volumen de material con bajo contenido en mineral valioso, el cual se conduce a lagunas de colas para la sedimentaci�n. Al cabo de varias d�cadas, estos estanques de sedimentaci�n llegan a ocupar superficies muy extensas, por lo que es imprescindible hacer un an�lisis previo y detallado de sus efectos ambientales. El prop�sito del an�lisis es aclarar todos los asuntos relacionados con la protecci�n del suelo y de las aguas subterr�neas, determinar las condiciones de estabilidad estructural de las obras (por ejemplo, resistencia de los diques en caso de inundaciones) y estudiar las posibilidades de recultivo. A partir del an�lisis, podr�n establecerse las medidas correspondientes.
El establecimiento y la operaci�n de escombreras requiere un an�lisis previo de los riesgos de contaminaci�n del suelo y de las aguas subterr�neas y superficiales. Para reducir en lo posible los efectos ambientales, ser� necesario sellar el lecho de los dep�sitos y establecer un sistema para la captaci�n de aguas de escurrimiento y de infiltraci�n.
En lo que concierne al restablecimiento de la capa vegetal, conviene dar un aspecto natural a las lagunas de colas y a las escombreras, a fin de facilitar su integraci�n en el paisaje. El terreno, por su parte, debe prepararse para el uso posterior.
Las aguas residuales de las instalaciones de tratamiento -procedentes de procesos, lagunas de colas y escombreras o dep�sitos de material- deben ser tratadas en plantas de depuraci�n. El tratamiento debe ajustarse al uso posterior del agua y al grado de tolerancia del cauce receptor, evitando el enlodamiento de �ste. El vertido de mercurio y de otros metales debe reducirse al m�nimo. Como medida preventiva, deben construirse pozos de observaci�n para controlar la calidad de las aguas subterr�neas.
El transporte masivo de minerales por carretera o ferrocarril puede tener consecuencias perjudiciales para el medio ambiente, debido a las obras de ingenier�a civil (peligro de erosi�n) y a la emisi�n de polvos vol�tiles y de ruido. Las emisiones de polvo pueden reducirse con el uso de contenedores de transporte cerrados; el ruido, por su parte, puede minimizarse utilizando camiones y equipos de transporte que emitan la menor cantidad posible de ruido y de gases nocivos. Finalmente, debe evitarse la deposici�n temporal o definitiva de materiales finos al aire libre, a fin de evitar la penetraci�n de sustancias contaminantes en el suelo y en las aguas a causa de la erosi�n e�lica e hidr�ulica. En muchos casos, los costos de las medidas de protecci�n ambiental se ven compensados por una reducci�n en las p�rdidas de mineral �til.